El 27 febrero se conmemoró el 33º Aniversario de la proclamación de la República Árabe Saharaui Democrática. Uno de los objetivos marcados por los dirgentes saharauis es que en todos los actos que se celebren es necesario recordar la situación en la que se encuentra el pueblo saharaui, así como los presos políticos, y reivindicar su inmediata puesta en libertad. Yo me pregunto si cabe felicitar a la RASD por su 33 aniversario.
En el mes de junio de 2008 tuve la posibilidad de conocer los campos de refugiados de Tinduf. Viajamos, una expedición Canaria, representantes públicos de ayuntamientos, cabildos, parlamento, universidades, medios de comunicación, asociaciones, agentes sociales y amigos del pueblo saharaui . El avion despegó a media noche desde Gran Canaria con escala en Orán y destino Tinduf. Llegamos de madrugada al aeropuerto argelino, allí una caravana de camiones y todo terrenos saharauis nos recogió y nos trasladó a los campamentos. Con la llegada de la luz del día me dí cuenta de que estabamos en medio del desierto, rodeados de desierto, no hay mar, no hay montañas, no hay oasis, no hay nada, es el desierto más desierto, piedra y arena. El viento y la arena barren las calles, las casas son las jaimas o pequeñas habitaciones de adobe en las que viven unas 200.000 personas.
La organización del viaje, encabezada desde aquí por Carmelo Ramirez y los dirigentes saharauis afincados en Canarias, nos distribuyeron en grupos entre las distintas familias con las que convivimos estos días. Manuha Ahmed es la mujer que nos ofrece su casa " como tu casa" nos dice constantemente en su español sencillo, conservado, suficiente para entendernos, me impactó que la gente supiera hablar español. Con las celebraciones de bienvenida nos enseñan sus mejores galas, sus tradiciones, sus bailes, los niños y niñas nos enseñan sus juegos y nos ofrecen leche de camello y dátiles. Las voces agudas de los cantos de las mujeres y el palmeo de sus manos viajan con el viento del desierto y se me quedan grabadas en mi memoria junto a las sensaciones del calor, el frio, el sol, el viento, el carácter, la fuerza de estas gentes.
Visitamos hospitales, escuelas, centros para personas con discapacidad, instituciones, organismos admisnitrativos, nos recibieron alcaldes, ministros, y demás representantes políticos.
Smara tiene unos 50.000 habitantes de los 200.000 refugiados. Me cuesta entender que estén allí 30 años esperando. ¿Esperando qué? Para Manuha es como si hubiera pasado un día. Ella me cuenta como perdió a su padre, a su esposo, a su hermano en la guerra, lleva 33 años sin ver el mar, sin comer pescado, sus hijos no conocen otro mundo más que este árido e inhóspito lugar. No puede desistir, no puede abandonar, eso sería traicionar a sus muertos y a ella misma.
Al día siguiente viajamos por el desierto unos 100 kilometros hasta el muro de la vergüenza construido por Marruecos para impedir la entrada de los saharauis.en los territorios ocupados. Es una visión impresionante, impacta ver ese muro a lo largo del desierto con soldados vijias, armados, que apuntan a nuestra comitiva. Avanzamos andando hacia el muro con la advertencia de que el terreno está minado, de hecho se pueden ver trozos de metralla esparcidos por el suelo, en esos momentos nos sobrevuela un helicóptero de la Minurso que parece advertirnos de que nos estamos acercando demasiado. Aún así desplegamos una pancarta y hacemos una pequeña marcha hacia el muro. Las mujeres saharauis, jóvenes y valientes desafian a los soldados hacercándose hasta los límites de seguridad, manifiestan su oposición a Marruecos con mucha fuerza y vehemencia, no tienen miedo. Regresamos al campamento.
Fuimos allí para ver, venir y contar por que quizá lo único que le queda al pueblo saharaui es que el mundo no se olvide de ellos. En medio de ese desierto rodeados de desierto, en medio de la nada .
Nosotros iniciamos el viaje de regreso de noche, en el desierto se ven más estrellas y más cerca, en ese momento pensé que para el pueblo saharaui su regreso a casa sigue siendo una de esas estrellas inalcanazables.
Han optado por la vía de la paz, por pedir el respeto y el reconocimiento a sus derechos. tanto a la libre expresión como a la autodeterminación.
Es increíble como están organizados en los campamentos y en los territorios ocupados: la fe en su existencia como pueblo, en que un día podrán volver a sus casas (podrán volver a ver el mar) también en el exterior, repartidos por todo el mundo, España, Francia, Cuba, países en los que salen los jóvenes a formarse como médicos, ingenieros, peritos... Probablemente esa sea la clave de su subsistencia, su organización como estado y su sentimiento como pueblo.
Sufren el abandono y el olvido de Europa, de Estados Unidos y del mundo, quiza eso sea lo peor, peor que la desnutrición, el frio, el aislamiento físico, la falta de asistencia sanitaria o de educación.¿Y si los saharauis fueran palestinos es posible que habláramos más de ellos? ¿estarían al menos en la agenda política de Obama? Por eso hoy 27 de febrero me planteo la duda de qué tipo de felicitación cabe; ¿felicitarles por existir? ¿por haberse constituido como pueblo sin territorio?¿por haber aguantado más de treinta años condenados en el desierto sacrificando sus vidas y las de sus hijos?; ¿y los presos políticos? ¿Y los jóvenes estudiantes que han muerto en las ciudades marroquís víctimas de la represión por exigir su autodeterminación? ¿cuánto tiempo van a aguantar?¿serán varias generaciones las dispuestas a resistir? Es inhumano.
Gomeraverde.com – Canarias
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